lunes, 18 de febrero de 2013

¿POR QUÉ EXIGIR Y DEFENDER UN ESTADO LAICO?


Estatua de Giordano Bruno en Bogotá


Ayer domingo, 17 de febrero, la asociación de ateos y agnósticos de Bogotá (AAAB) estuvo recordando el asesinato de Giordano Bruno a manos de la santa inquisición. ¿Por qué a estas alturas, y después de tanto tiempo, es menester recordar estos actos?

Puede que los métodos inquisitoriales hayan variado, pero el trasfondo permanece peligrosamente vivo. Hoy en día podemos estar seguros que nadie va a enviar a la hoguera a ninguno de los asistentes a la conmemoración realizada ayer; pero los motivos y las ideas que propiciaron dicha reunión sí están en grave peligro, y son ellas las que en nuestros días necesitan ser salvadas de las llamas abrasadoras del prohibicionismo religioso. 
En los centros de poder político, donde las leyes que nos deben cobijar a todos son discutidas y donde hay personas que deben velar por el cumplimiento de las mismas, en esos lugares, a veces subrepticiamente, a veces explícitamente, pero siempre descaradamente, se cuela la despiadada sombra oscurantista, la pestilente mano negra cuyo índice quiere señalar lo que está bien y lo que está mal ateniendose a su arcaico deseo y a su impositivo y multifacético libro guía.
Esa inquisición moderna es la que está poniendo en peligro nuestras libertades civiles, y es contra la cual nos levantamos el día de ayer, y nos seguiremos levantando cada vez que asome su iracundo hocico. Y es que nuestros reclamos no son de nuestra propiedad; no estamos defendiendo algo así como "los derechos ateos", no. Lo que se está defendiendo es la libertad del individuo para decidir sobre sí mismo, sin distinción de color de piel, sexo, edad, creencias religiosas o banderas políticas.
La defensa del Estado laico no implica un ataque contra alguna creencia específica, como tampoco implica una imposición de un cánon ajeno a las religiones.Defender la libertad del individuo significa que se defiende tanto al que desea la eutanasia como al que no, tanto al homosexual como a la lesbiana o al heterosexual, tanto a la mujer que quiere abortar o usar métodos anticonceptivos como a la que quiere tener 5 o 6 hijos.  El Estado laico permite defender dichas libertades puesto que no se le va a imponer moral religiosa alguna a los individuos, y en ese sentido nos cobija a todos, pero al ser nuestro país uno de mayorías católicas es evidente que las que necesitan en este momento leyes independientes de la moral católica que las protegan son las causas que defendemos como el aborto, el matrimonio igualitario o la eutanasia. 


Es por esto que vemos con tristeza y algo de enojo cómo la iglesia católica, que goza de presencia mayoritaria en Colombia, busca entrometerse a como dé lugar en la toma de decisiones con respecto a temas que están en contravía de su visión particular del mundo y los individuos. Ellos gozan de amplios beneficios y protecciones, pero no contentos con esto quieren imponer su moral a todos los ciudadanos; quieren que las leyes se debatan bajo sus condiciones y sus interpretaciones y quieren que se legisle con biblia en mano. 
Se escudan en la familia, los valores, el cimiento de la sociedad, la defensa de la vida, etc., solo para impedir que podamos decidir sobre nosotros mismos. Ven a todos y cada uno de nosotros como niños pequeños que no saben lo que hacen y que necesitan de un rector celestial que tome las decisiones...¡Y nos lo quieren imponer!
¿Por qué defender entonces un Estado laico? ¿Por qué alzar la voz aunque sea oída solo a pocos metros? ¿Por qué pelear contra estos Goliats que parecen ostentar todo el poder y nos dejan solo resquicios escondidos desde los cuales parecemos atrincherados? Porque es nuestro derecho y porque por algún lado hay que empezar, asi sea con las uñas, para difundir el grito: ¡LIBERTAD! Porque esta ansiada libertad requiere del empoderamiento de los individuos sobre sus decisiones y sobre si mismos. Porque aquellos que no queremos un rector déspota que nos diga que hacer y que no hacer tenemos derecho a decidir sin que se nos impongan las decisiones de aquellos que quieren creer en dioses. Porque la pregonada igualdad implica que seamos libres de escoger en vez de que se nos imponga. Porque garantizar opciones en lugar de imposiciones es lo mínimo que se espera de una democracia.
El camino es largo y se ve difícil, pero ver los avances, aunque sean pequeños, imprime entusiasmo y ganas de seguir adelante; y aunque la realidad de nuestro país constantemente nos golpee directamente en la cara, debemos mantener viva la esperanza realista y el apoyo activo, al fin y al cabo es mucho lo que está en juego.


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